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https://www.youtube.com/v/gDzPy6QvFzU&hl=es_ES&fs=1


    Tiananmen, todo sigue igual

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    TeamoCuba
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    Tiananmen, todo sigue igual

    Mensaje por TeamoCuba el Dom 10 Ago 2008, 16:57

    Raúl Rivero está escribiendo magníficas crónicas diarias desde Pekín para El Mundo. Aquí les copio la de hoy, particularmente buena.


    Tiananmen, todo sigue igual

    Por Raúl Rivero
    Un tipo tan astuto, un hombre convencido de que leer demasiado libros es perjudicial, tendría que saber que lo tienen allí para que sienta como crece su fracaso. Los obreros, los estudiantes y campesinos que le acompañan en su eternidad miden 38 metros y no se pueden mover porque los grupos escultóricos son estáticos. Y cuando le señalo a dos jóvenes , vivos de carne y hueso, la enorme foto de Mao Zedong de la Plaza de Tiananmen, ellos lo miran, asienten, sonríen y dicen «hum, hum», y regresan a los helados de chocolate que se derriten en el calor del mediodía pekinés.

    No entro a esa planicie porque los edificios son tristes y enormes y porque los turistas, los guías y los guardianes la han convertido en una superficie de 40 hectáreas sin misterios, ni historia palpable. Un sitio donde el peligro mayor puede ser una insolación si has tenido el valor o la imprevisión de venir sin sombrillas. Eso pasa, mucha gente piensa que la emoción se queda en el ambiente y te asalta desde la arquitectura o desde las calles que manchó la sangre, pero el empeño de las reconstrucciones y las seducciones de las jerarquías totalitarias le dan a ciertos escenarios un modelo de muerte inexpugnable a base de piedras y metales.

    Sombra y agua fresca es lo que impone ahora la plaza en la que instaló el comunismo en China en 1949 y en la que, 40 años después, un hombre solo se paró frente a un tanque de guerra porque quería ser libre. Así es que cuando ya Mao Zedong no me podía ver y seguía, como semi dormido e indiferente, el desfile de Mercedes Benz, Toyotas y decenas de autos nortamericanos frente a su foto, caminé hacia una calle del barrio de Qianem. Una zona de esta ciudad que reconcilia al viajero con la humanidad porque las casas, los hombres, las mujeres y los niños recobran su verdadera dimensión y sus voces salen moduladas nada más que por sus sentimientos y la necesidad de comunicarse.

    Hasta aquí no llega el furor olímpico. En estos lares no puede entrar con facilidad la fascinación por la grandeza y lo espectacular. En el vaivén diario la gente busca como premio las medallas invisibles y ciertas a la hazaña de vivir y de salir adelante. En un callejón una señora barre la calle y se cubre el rostro con un pañuelo como los bandidos de las películas del oeste. Pasa un viejo en un triciclo en el que carga dos colchones de uso y un bidón carmelita, pedalea a cámara lenta y habla con alguien por su celular. Desde la puerta de un pequeño negocio de frutas, un hombre que suda y humedece su camiseta color vino me quiere vender unos plátanos y una sandía, pero no insiste y enseguida vuelve a la pantalla de su televisor donde un caballo galopa desbocado por el campo.

    Aquí, muy cerca de las grandes avenidas de los hoteles fastuosos y los autos de lujo, sigue en vigor el imperio de la bicicleta. Toma fuerzas la rara aristocracia de las pequeñas motos y hacen zafra los talleres de reparaciones que se combinan con armonía en las calles con pequeños puestos de venta, gimnasios, salas de masaje, tintorerías, fondas y restaurantes de todos los tamaños y especialidades. En las fachadas verdes y rojas, trabajadas con pasión por artistas populares, están los nombres de los establecimientos escritos con los caracteres chinos y, de pronto, aparece una inscripción que anuncia un jazz bar, un tea house o cualquier producto de las empresas más famosas del mundo.

    Hay una doble corriente de vapor. Una que baja del cielo gris y otra que viene desde el hacinamiento y los interiores. En un pasillo hay seis mujeres alrededor de un niño que llora y una docena de jóvenes que escoltan a un anciano. Le han sacado su sillón preferido hasta el borde de la acera y se refresca con un abanico blanco. El aire del abanico, en realidad, lo que hace es llevarle a la cara el humo de una pipa que tiene en la boca como sino se diera cuenta. Aquí si hay misterio y muchas historias personales. Como no están obligados a ser corteses ni a parecer felices, son más corteses y felices porque van a lo suyo. Vienen de lo suyo, sus negocios, las ventas y las compras. Esta mal disimulada indiferencia le da también un toque de legitimidad a unos Juegos Olímpicos que, aunque traten disimularlo y, entre otras cosas por eso mismo, les ha cambiado la vida. Después sabrán de qué manera.

    He regresado a Tiananmen y vuelvo a pasar de largo porque sigue igual. La gente que camina en la explanada y los monumentos de los comunistas. Ni una palabra o una piedra para la rebeldía de los jóvenes que murieron o fueron heridos en 1989. No se puede todavía ponerle frente a Mao Zedong un recuerdo de esas jornadas. Ni se puede quitar la foto de Mao.

    Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 10/08/2008 13:05

    lamanga
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    Re: Tiananmen, todo sigue igual

    Mensaje por lamanga el Lun 11 Ago 2008, 10:14

    que lastima que Raúl Rivero, no quiera decir que hace o hizo con los 80 mil euros que se robo aqui en España....en nombre del gran disidente cubano, impidiendo que muchos reciban, la más mínima ayuda de la parte de Esperanza Aguirre, para recomenzar la vida en exilio.

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